PRÓXIMA APARICIÓN: HISTORIAS VASCAS – Judíos, Judeoconversos, Herejes de Durango, Caza de brujas, Emperadores, Reyes Pájaro y Cachimorros, de Ernesto García Fernández.

El catedrático de Historia Medieval, Moderna y América de la UPV/EHU Ernesto García Fernández nos presenta su último libro:

HISTORIAS VASCAS

Judíos

Judeoconversos

Herejes de Durango

Caza de brujas

Emperadores, Reyes Pájaro, Bufones y Cachimorros

«HISTORIAS VASCAS» es una monografía editada porBetagarriLiburuakdestinada a cualquier público que se interese por la Historia. El título es en sí mismo ambicioso. Las historias que pueden contarse sobre la sociedad vasca son innumerables. Este es el motivo de que el autor haya decidido dejar claro desde el principio en el título y en la introducción cuáles son los espacios, los tiempos y las cronologías consideradas. No menos relevante ha sido su preocupación por una escritura en lo posible de carácter divulgativo, aunque inevitablemente asociada a la terminología histórica al uso en la disciplina científica de la Historia.

Muchos lectores se preguntarán de qué vascos hablamos en estas «Historias vascas». En la introducción de la obra se dedican varias páginas a responder a esta pregunta. Qué se entiende por ser vasco y a qué vascos nos referimos en esta obra eran dos cuestiones previas y necesarias que había que resolver. El texto concreta el espacio y las gentes sobre las que se descansa el estudio. Se trata de una obra de difusión histórica, pero que no anula la labor de investigación que se ha llevado a cabo. En todos los capítulos hay nuevas observaciones, reflexiones y aportaciones que se suman a los hechos históricos ya conocidos. La Historia considerada, por otra parte, focaliza la atención en una cronología muy precisa. La Baja Edad Media y la Alta Edad Moderna acogen la mayoría de los sucesos históricos narrados a lo largo de la obra. Por tanto, las valoraciones y consideraciones realizadas se concentran en los siglos XIV, XV y XVI.

Los temas abordados contemplan el examen de la minoría judía, de los judeoconversos, de los herejes de Durango, de la Caza de Brujas y de personajes relevantes de fiestas populares de algunos pueblos de la Rioja Alavesa. Estamos en presencia de colectivos reducidos desde el punto de vista demográfico. Sin embargo, en torno a ellos la sociedad dominante concitó una serie de prejuicios que en gran medida formaron parte del acerbo común de la cristiandad medieval y que asimismo tuvieron unas manifestaciones específicas en los territorios objeto de atención.

Los judíos son un grupo social que ha llamado poderosamente la atención en todas las épocas, por su cultura, por su religión y por la diáspora que han vivido a lo largo de la historia. Judíos y vascos son vocablos que definen dos colectividades culturales diferenciadas. En cambio, a partir de determinados criterios y apreciaciones —el nacimiento, el lugar de residencia de la familia, el conocimiento de la lengua vasca, etc.— los historiadores pueden integrar perfectamente entre los vascos a los judíosestablecidos en espacios «vascongados». En su origen los judíos fueron extranjeros y en la Península Ibérica dispusieron de unas instituciones políticas diferenciadas de las del resto de la sociedad propiamente tipificada de vasca. El estudio de los judíos que habitaron en el País Vasco saca a la palestra a un sector de la población muy especial. La significación de este grupo social en modo alguno fue insignificante. Merece la pena resaltar el peso demográfico y económico que tuvieron sus miembros en Vitoria, Salvatierra, Valmaseda, Orduña, Salinas de Añana, Labastida o Laguardia, si bien el apartado relata sobre todo la visión que se hacen los cristianos de los judíos y sus consecuencias.

Los judeoconversos son los siguientes sujetos históricos analizados. Existen numerosos argumentos que explican el porqué de la conversión de los judíos al cristianismo mucho antes de su expulsión de la Península Ibérica a finales del siglo XV. Ya mucho antes habían sido arrojados de Inglaterra, Francia, etc. Un punto de inflexión particularmente interesante se produjo en la Península Ibérica en 1478. La creación de un organismo institucional llamado popularmente Inquisición Española supuso un cambio notable respecto a lo que había sucedido hasta dicha fecha. Ser sospechoso de criptojudaísmo, es decir, ser cristiano de origen judío que presuntamente practicaba el judaísmo podía ser un grave problema para la persona implicada y el conjunto de su familia. En este capítulo no sólo se describe la problemática acaecida en el espacio vasco, sino que asimismo se concretan los efectos que tuvo la fenomenología anticonversa en la configuración de las ideologías de las elites sociales vascas. Esta problemática penetró todas las instituciones locales y territoriales, incluidas las Juntas Generales de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. En este sentido reivindicar la pertenencia al grupo de los «cristianos viejos» fue un elemento de contrapeso al que recurrieron los linajes y la burguesía vascas que no se ha de omitir.

Los herejes de Durango constituyen el tercer gran apartado de «Historias vascas». La palabra herejía desde el ámbito de la cristiandad ha ido unida a una descalificación absoluta de quienes disentían de la línea religiosa predominante y de quienes pensaban que las cosas debían hacerse de una manera muy distinta. Los herejes eran contemplados por las jerarquías eclesiásticas como un cáncer gangrenoso a erradicar para evitar la contaminación en forma de metástasis al resto de la comunidad de creyentes cristianos. El fundamentalismo, a menudo imperante en las herejías, reinaba igualmente en el seno del cristianismo cuando se aplicaba el tijeretazo del cordón umbilical que rompía la unión de los grupos disidentes con las estructuras eclesiásticas. En la Península Ibérica una de las herejías más llamativas en la Edad Media fue la conformada por los herejes de Durango. Lógicamente la mayoría de sus miembros fueron vascas y vascos, además de gentes de otras procedencias geográficas con deseos de vivir otro tipo de religiosidad. El aparato ideológico de la iglesia católica convirtió a los seguidores de los heresiarcas en el muñeco de los golpes donde descargaron su odio los cristianos. Ahí está la huida de parte de sus componentes a territorios de acogida donde el credo mayoritario era el musulmán y la aplicación de las condenas a la hoguera sobre un número significativo de herejes.

La Caza de brujas fue otro de los objetivos perseguidos por un sector de la población cristiana que tampoco quiso tolerar la presencia de mujeres poco ortodoxas, desde el punto de vista de los cristianos defensores de postulados y prácticas mucho más estrictos y restrictivos. Estos últimos no querían consentir las conductas supuestamente licenciosas de algunas mujeres, sus actividades de alcahuetería, su dedicación al curanderismo, etc. Trataban de imponer, en última instancia por la fuerza, una determinada forma de entender el mundo. Las denuncias, los procesos judiciales, la pena de cárcel, la confiscación de bienes y las condenas a la hoguera también hicieron su aparición en este campo en el espacio vascongado, quizá de forma más intensa que en otros lugares de España. Explicar por qué, cómo y quiénes se vieron envueltos en el paradigma brujesco ha sido el motivo de este capítulo. El espacio vasco estuvo salpicado de episodios de brujería en Álava, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra y el País Vasco francés. En esta ocasión se contextualiza dicha problemática y sobre todo se examina al detalle lo ocurrido en los barrios de Zeberio. Con toda seguridad, el imaginado mundo de la brujería en Zeberio (Vizcaya) y en el País Vasco, a mediados del siglo XVI, es de un calado similar al que se produjo en Zugarramurdi (Navarra) bastantes años más tarde, a principios del siglo XVII.

El último capítulo del libro se dedica a tratar asuntos de otra índole, los cuales conciernen a determinadas celebraciones festivas locales. Las fiestas son auténticos espectáculos antropológicos acaecidos en una fecha puntual o que continúan disfrutándose a lo largo de varios días. El estudio de sus características y de sus expresiones se manifiesta de forma diferente de unos pueblos a otros, de unos tiempos a otros. Las fiestas de invierno y las de verano no sólo cuentan con pormenores y detalles variados a causa de su celebración en estaciones diversas, también entran en juego las tradiciones populares vascas, lo que ha pervivido de la cultura antigua en la Edad Media o en la Edad Moderna. El lenguaje festivo se traduce en muchas ocasiones en la organización de eventos específicos que sazonan el conjunto del hecho festivo. En la Rioja Alavesa fueron símbolos aglutinadores de la fiesta los juglares, los bufones, los arlequines, los Reyes Pájaro y los cachimorros. El vestuario de cada uno de estos personajes tenía sus peculiaridades. Las escenas llevadas a cabo bajo la batuta de su dirección no fueron las mismas. Nadie discute la importancia de la fiesta, porque tiene la virtud de romper con la cotidianidad. En la Edad Media y en la Alta Edad Moderna había muchísimas fiestas. Ahora bien, los festejos de los Reyes Pájaro y de los cachimorros son excepcionales. Reyes Pájaro y cachimorros son los personajes artísticos que lideran la transformación de la vida cotidiana en un ensalzamiento de un acontecimiento extraordinario, mediante la transformación coyuntural de la realidad y la plasmación de unas articulaciones sociales diferenciadas que emergen para regocijo de los habitantes que vivían estas alegrías. Precisamente se describe el protagonismo que tuvieron en las fiestas locales de Rioja Alavesa los Reyes Pájaros, los bufones, los arlequines y los cachimorros.

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